lunes, 4 de enero de 2010

La última palabra

La última palabra

Soy como mudo que no abre la boca.(Salmo 38:13)

Walter Heller habla de una experiencia que tuvo mientras se dirigía a la Asociación de Panaderos Independientes en Denver. En medio de su discurso, un hombre muy atrás de repente le gritó: "¡Usted es un estúpido!," Al cabo de unos cinco minutos, el hombre volvió a gritarle: "¡Usted es un estúpido!", Heller se sintió irritado. Observando una cierta vacilación en su voz, pensó: la próxima vez ya sé que voy a decirle. Antes que Heller terminara su discurso, el hombre volvió a gritar, por tercera vez: "¡Usted es un estúpido", Heller le respondió rápidamente: "¡Y usted está borracho!" Su detractor le respondió entonces: "¡Sí, pero mañana estaré sobrio, y usted seguirá siendo estúpido!".

Devolver insulto por insulto sólo sirve para empeorar las cosas. ¡Cuán mejor responder como lo hizo David a Sus enemigos! Estaba enfermo porque había pecado, y era vulnerable (Sal 38:1-5). Sus seres queridos, parientes y amigos, le habían abandonado (v. 1l), y sus enemigos buscaban hacerle mal (vv, 12, 19-20). En lugar de revolverse contra ellos, hizo oídos sordos a lo que estaban diciendo acerca de él, y puso su esperanza en el Señor (vv. 13-15).

Padre ayúdanos a ser tan sabios como David. Ayúdanos a mantener la dignidad confiando en ti cuando otros se aprovechan injustamente de nosotros. Ayúdanos a refrenarnos y a dejar que tú tengas la última palabra.

PENSAMIENTO: Cuando echas fango, siempre te quedas con las manos sucias.
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TOMADO DE Manantiales en el desierto

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