martes, 27 de julio de 2010

Mas lejos esté de mi gloriarme

“Mas lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mi y yo al mundo.” Gálatas 6:14


Ellos vivían para sí mismos. El yo, con sus esperanzas, promesas y sueños aún los controlaban, pero el Señor empezó a contestar sus oraciones. Ellos habían orado por constricción y Él les envió aflicción, pidieron pureza, y Él les envió una angustia conmovedora, pidieron el ser humildes, y Él quebrantó Sus corazones, pidieron el morir al mundo, y Él mató sus mas vivas esperanzas, pidieron el ser semejantes a Él, y los colocó en el horno y Él se sentó junto a ellos “como un refinador y purificador de plata”, hasta que ellos reflejasen Su imagen, ellos pidieron el coger Su cruz y al dársela, sus manos fueron laceradas.
Pidieron el no saber el qué o cómo, y Él aceptó sus palabras y les concedió todas sus peticiones. Ellos, difícilmente estaban dispuestos a seguirle tan lejos o de aproximarse tan cerca de Él. Estaban poseídos de un temor y espanto como el de Jacob en Bethel o el de Eliphaz en las visiones de la noche, o como el de los apóstoles cuando creyeron que habían visto un espíritu y no sabían que era Jesús. Ellos casi podían rogarle que se marchase de su lado, o esconder el temor reverencial que imponía. Encontraron mas fácil el obedecer que el sufrir, el hacer, que el dejar de hacer, el llevar la cruz, que el estar crucificados sobre ella. Pero ellos no podían retroceder, porque habían llegado demasiado cerca de la cruz invisible y sus virtudes habían penetrado muy profundamente en ellos. Él les está cumpliendo Su promesa, “Y yo, si fuese levantado de la tierra, a todos traeré a mi mismo” Juan 12:32
Pero al fin, ahora ha llegado su turno. Antes solamente habían oído del misterio, pero ahora lo sentían. Él clavó en ellos Su mirada de amor como hizo con María y Pedro, y lo único que podían hace era seguirle.
Poco a poco y de vez en cuando, el misterio de Su Cruz brilla sobre ellos con rápidos destellos. Ellos le contemplaron resucitado, ellos vieron la gloria que resplandece de las heridas de Su pasión sagrada, y a medida que ellos miran, avanzan y son cambiados, en Su semejanza y Su nombre brilla por medio de ellos, porque Él está en ellos. Ellos viven solos con Él arriba en una comunión inexplicable, dispuestos a carecer de lo que otros poseen y ellos podían tener, y a ser diferentes a todo y solo semejantes a Él.
Así son aquellos en todas las edades “que siguen al Cordero dondequiera que vayan.”
Si ellos o sus amigos hubiesen escogido para ellos, la elección hubiese sido diferente. Aquí hubiesen sido mas ilustres, pero menos en Su reino. Hubiesen tenido la porción de Lot, pero no la de Abraham. Si se hubiesen detenido en alguna parte, si Dios hubiese apartado Su mano de ellos y los hubiese dejado descarriarse, ¿qué es lo que ellos hubiesen perdido? ¿qué se hubiese perdido en la resurrección? Muchas veces su pié estuvo a punto de deslizarse, pero Él en Su misericordia los sostuvo. Ahora, aún en esta vida, ellos saben que todo lo que Él hizo estuvo bien hecho. Era bueno el sufrir aquí, para poder reinar mas adelante, el llevar la cruz abajo, para poder llevar arriba la corona, y que se hiciese no la voluntad de ellos, sino Su voluntad sobre ellos y en ellos.
Anónimo

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