“Porque Él es el que hace la llaga, y Él la vendará, Él hiere, y Sus manos curan” Job 5:18
El ministerio de una gran aflicción.
Cuando pasamos junto a las colinas que han sido agitadas por los terremotos y destrozadas por la convulsión, encontramos que períodos de perfecto reposo han sucedido a los destructivos. Debajo de sus rocas caídas, hay charcos de agua apacible y clara, los lirios acuáticos resplandecen y las cañas susurran entre las sombras. La aldea vuelve a levantarse entre las olvidadas sepulturas y la torre de la iglesia, que entre las tormenta y la oscuridad aparece emblanquecida llama nuevamente para que le proteja Aquel “en cuyas manos están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas.”
Ruskin
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