“Ciertamente aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.”
Esta es la estación feliz de la madurez de los sembrados, de la canción alegre de los sembrados, del grano seguro y almacenado. Pero permíteme que escuche al sermón del campo. Esta es su palabra solemne para mi. Tú tienes que morir con el fin de poder vivir. Tienes que rehusar el consultar a tu propia comodidad y prosperidad. Tienes que ser crucificado no solamente en Tus deseos y costumbres pecaminosas, sino también en muchas otras cosas que pueden parecer inocentes y rectas.
Si tú quieres salvar a otros, tú no puedes salvarte a ti mismo. Si quieres llevar mucho fruto, tienes que ser enterrado en la oscuridad y soledad.
Mi corazón se desfallece al escuchar. Pero cuando Jesús lo pide, permite que me diga a sí mismo, que es un privilegio muy grande para mi, el participar de Sus sufrimientos y de esta manera vengo en comunión con Él y me hallo en la mejor compañía. Y permite que me diga nuevamente que todo está arreglado para que llegue a convertirme en un vaso digno de Su uso. Su propio Calvario ha producido una gran fertilidad, y así ha de acontecer al mío. Mucho procede del sufrimiento, y la vida de la muerte. ¿No es ésta la ley del Reino?
In The Tour of Silence
¿Llamamos moribundo al capullo, cuando se abre para convertirse en flor?
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