lunes, 13 de septiembre de 2010

“Y el Dios de paz os santifique en todo,

“Y el Dios de paz os santifique en todo, para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os ha llamado.” 1ª Tesalonicenses 5:23-24

Desde hace muchos años que vi que “sin santidad ningún hombre verá al Señor.” Empecé a seguirle y a estimular a todos aquellos con quienes vine en contacto para que hicieran lo mismo. Diez años después, Dios me dio una visión mas clara para obtenerla, que la que tuve antes, a saber, por medio de la fe en el Hijo de Dios. inmediatamente declaré a todos, “Somos salvos del pecado, somos santificados por la fe.” Testifiqué esto en privado, en público, por escrito, y Dios lo confirmó con un millar de testigos. Durante mas de treinta años he continuado declarando esto. Dios ha continuado confirmando mi trabajo.
John Wesley 1771

“Conocí a Jesús, y fue muy querido para mi alma, pero había algo en mi que me impedía el ser paciente, amable y cariñoso. Hice lo posible por desterrar esto de mi, pero no lo conseguí. Rogué a Jesús que hiciese algo por mi, y cuando le entregué mi voluntad, El vino a mi corazón y quitó todo lo que no era amable, cariñoso y paciente, y después El cerró la puerta.”
George Fox

“Todo mi corazón está satisfecho por completo con lo que ha encontrado en Dios. Me siento sola con Dios, El llena el vacío, no poseo ni un solo deseo o inclinación que no esté dirigida hacia El. Muchas veces he pensado y me he maravillado de la conquista que Dios ha hecho con amor de todo lo mas profundo de mi ser.”
Lady Huntington

“Inmediatamente sentí sobre mi frente algo parecido al tacto de una mano, no débil, sino omnipotente, no de ira, sino de amor. La impresión que sentí no era exterior sino interior. Parecía oprimir toda mi existencia y difundir en mi ser una energía consumidora del pecado. Tanto mi corazón como mi cabeza se daban cuenta de la presencia purificadora de dicha energía, bajo cuya influencia caí al suelo y en la alegre sorpresa del momento, alcé mi voz en alto. La mano poderosa aún obró interior y exteriormente, y por donde quiera que pasaba parecía dejar la influencia gloriosa de la imagen del Salvador. Durante unos minutos el profundo océano del amor de Dios me tragó por completo, todas sus olas y ondas pasaron por encima de mi.”
Bishop Hamline

Cuando escribí mis contemplaciones sobre la santidad, entonces me pareció ser de una naturaleza dulce, apacible, agradable, serena, la cual producía en el alma, una pureza, una brillantez y una paz que no es posible describir. En otras palabras, que convertía el alma en una especie de campo o jardín de Dios con toda clase de frutos y flores agradables, todas deliciosas y tranquilas, gozando de una calma apacible y de los rayos suaves y vivificadores del sol.
Jonathan Edwards

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