martes, 12 de octubre de 2010

Pero las cosas que para mi eran ganancia

“Pero las cosas que para mi eran ganancia, las he estimado como pérdida por amor a Cristo.” Filipenses 3:7

Cuando enterraron al ciego predicador George Matheson, rodearon su tumba con rosas encarnadas, en memoria de su vida de amor y sacrificio. Este hombre a quien se le honró de una manera tan significante, fue el que escribió:


“¡Oh! Amor que no me dejarás,
Descansa a mi alma siempre en Ti,
Es tuya y Tú la guardarás,
Y en el océano de Tu amor
Mas rica al fin será,
Sin lágrimas será.

¡Oh! Gozo que a buscarme a mi,
Viniste con mortal dolor,
Tras la tormenta el arco vi,
Y ya el mañana, yo lo sé,
Sin lágrimas será,
Sin lágrimas será.

¡Oh! Cruz que miro sin cesar,
Mi orgullo, gloria y vanidad
Al polvo dejo por hallar
La vida que en Su sangre dio
Jesús mi Salvador,
Jesús mi Salvador.
Existe la leyenda de un cierto artista que descubrió el secreto de un rojo maravilloso, el cual ningún otro artista podía imitar. El secreto de su color murió con él. Pero después de su muerte, se vio que tenía una herida antigua sobre su corazón. Esto reveló que era la fuente del color incomparable de sus cuadros. La leyenda nos enseña, que no puede hacerse nada grande, ni obtenerse nada elevado, ni hacerse nada que valga la pena por el mundo, a no ser que nos cueste la sangre del corazón.

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