miércoles, 10 de noviembre de 2010

Y despedidas las gentes, subió al monte apartado

Y despedidas las gentes, subió al monte apartado, a orar, y como fue la tarde del día, estaba allí solo.” Juan 14:23

El hombre Cristo Jesús, sintió la necesidad de la soledad perfecta. El solo, enteramente solo con Sí mismo. Sabemos muy bien que el trato con otros hace que nos distraigamos y termina con nuestros recursos. El hombre Cristo Jesús, también sabía esto, y sintió nuevamente la necesidad de estar solo, de reunir todos Sus recursos, de Su debilidad humana, de Su dependencia con el Padre.
Cualquier hijo de Dios, tiene una necesidad mucho mayor acerca de esto, de estar solo con las realidades espirituales, sólo con Dios Padre. Si ha existido alguno que podía haber sido excluido de estar en la soledad para comunicarse con Dios, este hubiese sido nuestro Señor, pero El no podía hacer Su trabajo o mantener Su comunión plenamente, sin tener Su tiempo de oración y meditación en la soledad.
Dios haga que cada uno de Sus siervos extienda y practique este arte bendito y que la iglesia sepa como entrenar a sus hijos el sentido de este privilegio tan santo y tan elevado. ¡Oh, cuan grande y sublime es el pensar que Dios está solo conmigo y yo solo con El!
Andrew Murray

Lamartine, habla en uno de sus libros de un paseo solitario que su madre solía dar a cierta hora del día por el jardín, y en el cual nadie hubiese soñado de entremeterse por un solo momento.
Para ella era el jardín sagrado del Señor. ¡Pobres aquellas almas que no tienen tal tierra de Beulah! Jesús dice: busca tu habitación privada. Es en la soledad donde podemos oír las notas místicas que proceden del alma de las cosas.

Una meditación
¡Practica alma mía, el estar a solas con Cristo! Está escrito que cuando ellos estaban solos, El explicó todas las cosas a Sus discípulos. No dudes del dicho, es cierto en tu experiencia. Si quieres comprenderte a ti mismo, di a la multitud que se marche. Déjales que se marchen uno a uno, hasta que te quedes solo con Jesús. ¿Te has imaginado a ti mismo como la única criatura que ha quedado en estos mundos?
En tal universo, tu único pensamiento debería ser “Dios y yo, Dios y yo” El está muy cerca de ti, tan cerca como si en espacios infinitos no palpitase ningún otro corazón excepto el Suyo y el tuyo. ¡Alma mía, practica la tranquilidad de tu propio corazón! ¡Practica el refrenamiento solemne, Dios y yo! ¡Dios y yo! No permitas que nadie se interponga entre tú y tu ángel combatiente. Cuando encuentres a Jesús a solas entonces serás condenado y perdonado.
George Matheson

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