lunes, 2 de mayo de 2011

¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios?

“¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios?” Juan 11:40

María y Marta no podían comprender lo que su Señor estaba haciendo. Ambas dijeron le dijeron, “Señor, si tú hubieras estado aquí, mi hermano no hubiese muerto.” En el fondo de todo ello, parece ser que podemos leer en sus pensamientos: “¡Señor, no podemos comprender porqué has estado ausente durante tanto tiempo. No podemos comprender como Tú has permitido que muera el hombre a quien tú amabas. No podemos comprender como Tú has permitido que nuestras vidas hayan sido atormentadas por la pena y el sufrimiento cuando podías haber evitado todo esto con Tu presencia! ¿Porqué no viniste? ¡Ahora es demasiado tarde, porque hace cuatro días que murió!”
Y para todo esto, Jesús tenía una gran verdad: “Vosotras no podéis comprender, pero os digo, si creéis, vosotras veréis.”
Abraham no podía comprender, porque pidió Dios el sacrificio de su hijo, pero confió y al fin vio la gloria de Dios en la restauración de su amor. Moisés no podía comprender porque lo puso Dios durante cuarenta años en el desierto, pero él confió, y vio cuando Dios lo llamó para conducir a Israel de la esclavitud.
José no podía comprender la crueldad de sus hermanos, el falso testimonio de una mujer desleal y los varios años que pasó encarcelado injustamente, pero confió y al fin vio la gloria de Dios en todo.
Jacob no podía comprender una providencia tan rara que permitió que el mismo José fuese arrebatado del amor de sus hermanos, pero vio la gloria de Dios cuando miró el rostro de José y lo vio como virrey de un gran rey y salvador de su propia vida y de la de una gran nación.
Y así también, quizás en tu vida digas: “No puedo comprender porque ha permitido Dios que pierda a aquellos a quienes amo. No comprendo los caminos desviados por los cuales el Señor me está conduciendo. No comprendo porque tiene que ser frustrados planes y propósitos que parecían buenos ante mi vista. No comprendo porque tardan tanto aquellas bendiciones de las que tengo tanta necesidad.”
Mi buen amigo, tú no tienes que comprender todos los caminos de Dios para contigo. Dios no espera que tú puedas comprenderlos. Tú no esperas que tu hijo comprenda, sino solamente que crea. Algún día verás la gloria de Dios en las cosas que no comprendas.
J. H. McC.

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