“Daniel, siervo del Dios altísimo.! Daniel 6:20
Con mucha frecuencia encontramos esta expresión en las Escrituras y sin embargo es esta mismísima cosa la que estamos inclinados a perder de vista. Sabemos que está escrito “el Dios viviente” pero en nuestros quehaceres diarios apenas si hay otra cosa que olvidemos con tanta frecuencia como el hecho de que Dios es un Dios viviente, que El es ahora lo que fue hace tres o cuatro mil años, que El posee el mismo poder soberano, el mismo amor salvador hacia aquellos que le aman y sirven, que siempre tuvo y hará por ellos lo que El hizo por otros hace tres o cuatro mil años, simplemente porque El es el Dios viviente, el que no cambia. ¡Oh, con cuanta confianza deberíamos arrojarnos en sus brazos, y en los momentos mas difíciles nunca deberíamos perder de vista el hecho d que El es aún y siempre será el Dios viviente!
Ten confianza si andas con El y mira a El. Espera de El ayuda, El nunca te fallará. Un hermano de una edad avanzada que ha conocido al Señor durante cuarenta y cuatro años es quien escribe esto, y te dice para alentarte que El nunca le ha faltado. Ni en las mayores dificultades, ni en las pruebas mas profundas, o en las mayores necesidades y pobreza. El jamás me ha faltado. Por medio de Su gracia yo he podido confiar en El, y El siempre ha aparecido para ayudarme. Yo me gozo en hablar bien de Su nombre.
George Mueller
En una ocasión de gran peligro y temor en que Lutero tenía necesidad de una gran fortaleza sobrenatural, se le vio que estaba sentado abstraído y trazó con un dedo sobre la mesa las siguientes palabras: “Vivit, vivit!” (¡El vive! ¡El vive!) El es la esperanza para nosotros, para Su verdad, y para el género humano. Los hombres vienen a este mundo y después desaparecen. Los líderes, maestros y pensadores hablan y trabajan durante cierto período, después enmudecen y llegan a ser impotentes. Pero El permanece. Ellos mueren, pero El vive. Ellos son velas encendidas que mas tarde o mas temprano se consumen, pero El es la luz verdadera de la cual ellos obtienen todo su resplandor y El resplandece para siempre.
Alexander Maclaren
“Un día llegué a conocer al Dr. John Douglas Adam” escribe C. G. Trumbull. “Supe por él, que lo que consideraba como su mayor haber espiritual era su conocimiento permanente de la presencia actual de Jesús. En nada gozaba tanto, decía, como en saber que Jesús siempre le acompañaba, y que esto era tan independiente de sus sentimientos, de su soledad y de sus mismas opiniones como la manera en que manifestaría Su presencia.
“Además dijo, que Jesús era la morada de sus pensamientos.
Siempre que su mente estaba libre de otros asuntos, él acudía a Cristo y le hablaba en voz alta cando estaba solo, en la calle o en otra cualquier parte con la misma facilidad y sencillez que a un amigo personal. Tan verdadera era para él la presencia actual de Jesús.”
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