“Y cuando tocaren prolongadamente el cuerno de carnero, y así que oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí, entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí.” Josué 6:5
El grito de una fe firme está en oposición directa con los quejidos de la fe vacilante y los sollozos del corazón desalentado. Entre los muchos “secretos del Señor”, no sé de ningún otro que sea mas valioso que el secreto de este grito de fe. El Señor dijo a Josué, “Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.” No dijo: “Te daré” sino “Te he entregado”. Ello ya les pertenecía y ahora fueron llamados para que tomasen posesión. Pero la dificultad ahora era, ¿cómo posesionarse de ello? Parecía imposible pero el Señor reveló Su plan.
Ahora nadie puede suponer por un solo momento, que los gritos fueron los que causaron la caída de las paredes. Y si embargo, el secreto de su victoria está precisamente en estos gritos porque fueron los gritos de una fe, los que se atrevieron con la autoridad de la Palabra de Dios a proclamar una victoria se cumpliese. Y Dios les respondió en conformidad con su fe , así que cuando gritaron, El hizo que cayesen las paredes.
Dios había declarado que les había dado la ciudad y la fe lo creyó. Muchos siglos después, el Espíritu Santo recordó este triunfo de fe en la Epístola a los Hebreos: “Por fe cayeron los muros de Jericó, después de ser rodeados siete días.”
Hannah Whitall Smith
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