lunes, 17 de junio de 2013

“La mano de YHVH ha hecho esto.” Job 12:9

“La mano de YHVH ha hecho esto.” Job 12:9

Hace varios años que fue encontrado en una mina africana el diamante mas magnífico que recuerda la historia del mundo. Fue regalado al rey de Inglaterra para que resplandeciese en su corona de estado. El rey lo encargó a Ámsterdam para que lo cortasen, y de esto se encargó un lapidario muy experto. ¿Qué crees que hizo con el diamante?
Tomó la valiosa joya e hizo una ranura en la misma. Después, le dio un golpe fuerte con su instrumento, y aquella joya soberbia cayó en sus manos partida en dos trozos. Muchos dirían, ¡Que barbaridad! ¡Que desperdicio! ¡Que descuido tan criminal!
Pero no fue descuido ni mala intención el hacer esto. Durante muchos días y semanas se había estudiado y planeado aquel golpe. Se habían hecho dibujos y modelos de la joya. Su cualidad, sus defectos, y su s líneas de partición habían sido estudiadas con grandioso cuidado. El hombre a quien se le había encomendado el hacer esto era uno de los lapidarios mas diestros del mundo.
¿Dices tú que aquel fue una gran equivocación? No, fue el clímax de la pericia del lapidario. Cuando él dio aquel golpe, lo que hizo fue perfeccionar la forma, la brillantez y el esplendor de la joya. Aquel golpe que pareció arruinar aquella piedra soberbia y preciosa, lo que hizo fue volverle su perfecta redención. Porque aquellas dos mitades se hicieron las dos magníficas joyas que el ojo práctico del lapidario vio escondidas en la tosquedad de la piedra sin cortar que había salido de la mina.
Así también, algunas veces YHVH permite que recibas en la vida algún golpe punzante. La sangre salpica, los nervios se retuercen y el alma grita en agonía. A ti te parece que dicho golpe es una gran falta. Pero no es así porque para Dios eres la joya mas valiosa del mundo, y El es el lapidario mas diestro del universo.
Algún día tú tienes que resplandecer en la corona del Rey. Él sabe la forma como tiene que obrar contigo. No se permitirá que ningún golpe caiga sobre tu abatida alma, sino solo lo que el amor de Dios permita, y esto contribuirá a bendecirte y enriquecerte espiritualmente de una manera que tú no te puedes imaginar.
J. H. McC
En uno de los libros de George MacDonald se halla el siguiente diálogo: “No sé porque me ha hecho Dios.” dijo amargamente Mrs. Faber, “Estoy segura que no sé el beneficio que puedo prestar con habérseme hecho”. “Quizás no es mucho ahora” dijo Dorothy, “Pero El no te ha terminado aún. El te está haciendo ahora y tú te has quejado del proceso.”

Si los hombres creyesen solamente que se encuentran en un proceso creativo y consintiesen el ser terminados, si permitiesen que el Hacedor los manejase como el alfarero hace con su arcilla, no tardarían mucho en dar la bienvenida a la presión de Su mano aunque sintiesen dolor, y algunas veces no sólo creerían, sino que reconocerían el propósito divino que hay en ello.

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